martes, 22 de agosto de 2017

Incursiones marítimas germánas a Hispania anteriores a la era Vikinga, entre los Siglos III y V. Por Alvar Ordoño

Se han tratado y estudiado en innumerables ocasiones las incursiones normandas ocurridas en la península ibérica  entre los siglos IX y XI. Más exactamente y con una aproximación relativa entre los años 844 y el 1045. Iniciándose el proceso con el primer avistamiento documentado en las costas cantábricas en el año 844 frente a la ciudad de Gijón. Y terminando en el año 1045 con la batalla de las torres del Oeste en la localidad de Catoira (Galicia). Donde el obispo Cresconio derrotó a una flota de lordemanos que asolaban la zona, y entre los que se ha querido ver, sin pruebas de ello naturalmente, al temido Ulf el gallego. Aunque bien es cierto que la fecha del combate de Cresconio está sometida a debate y discursión (Eduardo MoralesHisptoria de los vikingos en España, CAP XIII, pag 209 – últimas incursiones ) nos sirve para establecer con un margen de error año arriba año abajo, una fecha inicial, y una final de lo que podríamos definir de una forma un tanto arbitraria como “la era vikinga hispanica”.

A lo largo de esos casi 300 años, los normandos llegados desde diferentes puntos del norte de Europa, entre los que se encontrarían principalmente Inglaterra, Noruega, Dinamarca, Francia, e Irlanda. Asolarían con mayor o menor intensidad una franja costera que iría desde el norte cantábrico, hasta toda la costa Atlántico española (Galicia) y portuguesa. Incluyendo Andalucía y partes del Mediterráneo en las incursiones del siglo IX. Hay que tener en cuenta que ninguna incursión documentada posterior al siglo IX llegó a pasar el estrecho de Gibraltar, entre otras causas por la política preventiva de Abderraman tomada tras los devastadores ataques del año 858, Atribuidos tradicionalmente  a Hastings y Bjorn costado de hierro. Si bien aquí se establece un dato curioso que me parece interesante mencionar, la incorporación de mercenarios irlandeses a la flota Lordemana en ese año (presumiblemente solo documentados en esa fecha).

Para Steentrup el relato de una crónica irlandesa sobre los hijos de Ragnall, primogenito del rey de Lochlann, y las hazañas y aventuras de este contra los musulmanes, debe situarse inequívocamente en el contexto de la segunda invasión del siglo IX (José Carlos Sánchez PardoLos ataques vikingos y su influencia en la Galicia de los siglos IX – XI – Anuario Brigantino 2010 nº 33, Pag 64 – 3.2. Segunda incursión vikinga a Galicia). Parece razonable pensar que la única forma que los irlandeses de aquellos años tuvieron de enfrentarse con musulmanes, fue en las costas de España, llegando como apoyo mercenario local de las colonias existentes de normandos Noruegos en el país.

No obstante no existe documentación exacta en ninguna crónica hispana que hable de irlandeses entre la flota y guerreros del siglo IX, mientras que por ejemplo sí existen referencias de franceses. Queda por tanto dentro de las hipótesis y de los misterios relacionados con las miles de lagunas que ofrece la historia. Exactamente igual que la teoría al respecto de Anton Erkoreka, para quien la llegada de irlandeses pudo no estar relacionada con la llegada de Hastings y Bjorn, sino con una incursión llegada desde Dublín contemporánea a la de los dos famosos caudillos, que el escritor  vasco relaciona con el supuesto asentamiento de la ría de Mundaca, y con el secuestro del rey de Pamplona utilizando una vieja calzada romana, y no el río Ebro. Esta incursión estaría a mi modo de ver más relacionada con la leyenda y la mitología que con la realidad. Pues incorpora además sucesos y episodios propios de las leyendas y las dinastías legendarias vascas, relacionando a los dos caudillos vikingos llegados desde Irlanda, y que Erkoreca atribuye los nombres de Olaf el blanco e Ivar el Culebro con Jaun Zuria, mítico primer señor de Vizcaya que vence a las tropas asturianas (Anton Erkoreka – Los vikingos en la península ibérica. CAP – Los vikingos en Vasconia, pag 21, De nuevo en la ría de Mundaca (844m 858-861).

Pero dejemos de lado este tema y centrémonos en los ataques anteriores a la era vikinga. Aun cuando relacionados con las poblaciones proto vikingas y germánicas que años más tarde darían origen a los piratas del mar, lo cierto es que las incursiones llegadas desde el norte en años muy tempranos, no pueden ser llamadas vikingas, ni tratadas como tales. Ni tan siquiera aparecen en las crónicas romanas de la época con ese nombre o similar, entre otras cosas porque como puede suponerse aun estamos muy distantes en el tiempo de la era vikinga desde un punto de vista rigurosamente histórico.

La primera aproximación que tenemos documentada relacionada con incursiones marítimas por el litoral cantábrico, esta relacionada con los francos en plena era de las migraciones bárbaras. En el siglo III de nuestra era barcos procedentes de la zona norte de Europa, donde se establecían los francos, atacan en varias ocasiones todo el norte cantábrico. Aun cuando estas incursiones no tuvieron demasiado éxito quedándose tan solo en algunas rapiñas de aldeas, siendo todas ellas reprimidas con eficacia por el emperador Maximiliano Hercúleo.


Desde el siglo III hasta el V no se tienen información documentada de nuevos ataques marítimos. Es precisamente en ese siglo, en el V, con una Europa en pleno apogeo de las migraciones e invasiones germánicas, cuando el norte de España es atacado una vez más por mar. Este aspecto es poco conocido aun cuando tiene algunos episodios realmente interesantes de tratar.  La primera referencia con la que nos encontramos referida al tema procede de Hidacio. El historiador gallego de marcado carácter “anti suevo”, recoge en su Chronica,  un incidente relacionado con los vándalos. En el año 455 “unos vándalos de modo repentino. Desembarcaron con sus barcos en la localidad de Turonium en las costas de Gallaecia y capturaron familias de muchas gentes” / vandali navibus Turonium in litore Gallaeciae repente advecti familias capiunt plurimorum /. El problema con el que nos encontramos en este caso es señalar con exactitud de donde procedían esos vándalos, y cual era la localidad de Turonium. 

Los vándalos eran un pueblo germánico procedente de Escandinavia, que llegó a Hispania atravesando los pirineos en el año 409 junto a los alanos. Estaban divididos en dos grupos, Asdingos y Silingos, cada uno de ellos con su respectivo rey. Tras la derrota de los asdingos a manos de los federados visigodos del imperio liderados por Walia, se unieron con los silingos y comenzaron una aventura que les llevaría hasta la conquista de Africa en el 429. A simple vista vemos un error en las fechas que nos impide atribuir una invasión marítima procedente de Hispania a manos de los vándalos. Si en el 429 ochenta mil de ellos unidos con los alanos llegan a África, significa que en el 455 ya no estaban en la península, por tanto la lógica nos hace pensar que el ataque marítimo de los piratas vandálicos procedía del continente africano. 

Máxime cuando desarrollaron una importante flota que les llevó durante el 440 bajo reinado del rey Genserico, a saquear importantes puntos del Mediterráneo, entre los que se encontraban Sicilia, Cerdeña, Grecia y las islas Baleares. No obstante algunas hipótesis nuevas de historiadores renombrados ofrecen una segunda versión sobre el origen de la invasión marítima de Galicia a manos de los bárbaros durante el siglo V. Ch. Courtuis en les vandales ofrece la primera versión que señala a una invasión interna procedente de la propia Hispania y no de Africa. Para el historiador francés no se trataría de una flota procedente de Cartago, sino de vándalos residuales asentados en Hispania que no siguieron a sus compañeros hasta el continente africano. Plantea la dificultad, aun aceptando que fueran buenos navegantes, de que una flota vándala saliera de Cartago con el único objetivo de saquear Gallaecia. Una tierra que en aquellos años no tenía aun las grandes iglesias ni la importancia simbólica que llegaría a tener siglos después. 

Thompson por su parce acepta la hipótesis de Hidacio, aceptando que la incursión llegó desde Cartago. Por el contrario para Javier Arce, en su libro Bárbaros y romanos en Hispania  400 – 507. Se hace eco de Ch. Courtois, asimilando la idea de una incursión que correspondería a vándalos residuales que aprovecharon la expansión sueva hacia el sur de Hispania con objetivo la Baetica y Cartaginensis (año 441), y las malas relaciones existentes entre estos y la población nativa gallega, para asolar las costas. Sea como fuere nuevamente nos movemos en el terreno de las hipótesis, y con lo único que podemos contar fehacientemente es con el hecho de que los vándalos según recoge Hidacio, atacaron por mar las costas Atlanticas de Galicia sin ningún tipo de resistencia por parte del reino suevo. 


De tratarse de vándalos residuales, la operación carecería de interés geopolítico y estratégico. Simplemente habría que incluirla en las razzias de depredación de un grupo de gentes tras la derrota a manos de los visigodos, que intentaban sobrevivir adaptándose a la debacle de los nuevos tiempos, con independencia de la empresa iniciada por parte del mayor grupo de su gente en el norte de Africa. (Javier Arce – Barbaros y romanos en Hispania 400 – 507. CAP II, inseguridad y resistencia. 4. Piratas, pag 173 ).

Siguiendo en el siglo V y con el terror germánico que asoló Europa a modo de hordas de invasores, nos encontramos nuevamente con un texto de Hidacio referido a varios ataques de una tribu llamada Hérulos.
Los hérulos eran nuevamente una tribu germánica asentada en Escandinavia que inicia su expansión por el continente junto con otros pueblos como aliados, entre ellos los godos. En el siglo V tienen una relativa importancia en la historia de Roma por medio de su caudillo Odoacro. Anteriormente a esto, a principios del siglo V, sus barcos junto a los de Sajones y frisones, asolan buena parte de las costas del mar del norte y Canal de la Mancha. Es dentro de ese ambiente histórico cuando llegan a Hispania. Según Hidacio en el año 455 una serie de hombres de la tribu de los hérulos, desembarcaron con siete barcos en la costa del territorio de Lucus, los 400 hérulos armados a la ligera se vieron obligados a huir, muriendo solo dos de ellos en los combates contra los nativos. 

La razzia regresó por donde había venido saqueando las costas del Cantábrico y de Vardulia. En estas expediciones parece que tampoco tuvieron mucho éxito. Según Arce estos hérulos procedían de Dinamarca, y no tenían nada que ver con los que años atrás aliados de los godos habían saqueado el mar Negro. Hipotesis que sostiene Erkoreka, quien además los localiza en el noroeste de la península danesa.

Siete naves y 400 hombres, es decir, 57 hombres por nave. Con este número y armados a la ligera, como dice el historiador gallego, no es fácil asolar de forma contundente un gran territorio, aun cuando si lo pudieron hacer de forma cruel, como parece que detallan las crónicas (Javier Arce – Barbaros y romanos en Hispania 400 – 507. CAP II, inseguridad y resistencia. 4. Piratas, pag 173 ). 

Los incursores tuvieron que dejar los barcos en el litoral de la costa cantábrica iniciando una expedición de reconocimiento terrestre. Fue ahí cuando tuvieron conflictos armados con la población local con fatídico resultado en diferentes episodios para los bárbaros. Tal fue lo nefasto del asunto, o la resistencia hispánica, según se mire. Que los temidos hérulos de Jutlandia, Dinamarca, estos si primos lejanos de los posteriores vikingos, se vieron obligados a dejar los barcos en las costas y regresar a sus hogares cruzando los pirineos por la Tarraconensis, posiblemente por la zona central, ya que al parecer no encontraron fuerte presencia romana defendiendo los pasos.

Sorprende que una expedición de saqueo de tierras extranjeras fuera tan desastrosa, con situaciones semi cómicas como la vivida en Galicia, donde perdieron tan solo dos hombres y solo pensaban en huir. Mal armados,  no muy numerosos, en una actitud casi defensiva, coincidiremos todos en señalar que cuanto menos era una razzia de saqueo curiosa... El porqué de esta situación se comprendería años después. En el 459 nuevamente Hidacio recoge una invasión de piratas hérulos, esta vez se dirigían a la Baetica. Saquearon las costas cantábricas y atlánticas (documentado el conventus Lucense) con una crueldad inusitada (Hydacio 189). Dice textualmente “ad Baeticam pertendentes”, es decir, supuestamente la expedición germánica si llegó a la Baetica. Y a juzgar por el adjetivo calificativo de crudelissime usado por Hidacio, esta vez sí que fue salvaje, violenta y devastadora. Seguramente más numerosa que la predecesora. Es fácil asimilar cual fue el objetivo de la primera llegada 4 años atrás. No tenía como objetivo saquear las costas Hispanas, sino explorar. Fue una avanzadilla para tantear el terreno, conocer las costas, la resistencia, los lugares de interés y el camino a la Baetica, y puede que incluso consolidar pequeñas posiciones. Ya que presuponemos que en la primera mención que se hace de los hérulos en el 455, y aun cuando solo se los menciona en Galicia, el cantábrico y las vadulias, tuvieron que llegar por necesidad a la Baetica, mostrando el camino años después a un grupo mayor en número y armado para la ocasión. 

No opina igual Torres Rodriguez, quien supone que el desembarco del año 455 en la costa gallega fue un movimiento estratégico a cargo de un grupo de mercenarios del rey visigodo Teodorico II, que únicamente pretendía sembrar la alarma en la retaguardia del rey suevo Reckiario. Es posible que aquí se mezclen conflictos, y Torres se refiera mas acertadamente al misterioso y curioso incidente de los vándalos, pero no de los hérulos. 

A mi modo de ver la hipótesis exploradora es la más acertada, ya que como el propio Hidacio recoge. Era gente poco numerosa, mal armada, y que no buscaba la confrontación. El hecho de tener que escapar en las vardulias dejando los barcos en la costa para recorrer un largo camino de regreso andando atravesando los pirineos, es una prueba de ello. 
Con los ataques de Jutlandia (hérulos) del año 455, concluyen los episodios de las incursiones marítimas germánicas a las costas de Hispania. No quisiera dejar pasar la oportunidad de mencionar una teoría sobre la llegada de los suevos a Galicia. La recoge Erkoreka y la plantea Reynols. Según esta los suevos no atravesaron nunca el rio Rhin junto a vándalos y alanos. Jamás entraron a Hispania por los pirineos en el año 409. Llegarían por mar asentándose en las costas de la provincia de Gallaecia. Esta hipótesis no es muy acertada según yo lo veo, ya que carece de pruebas escritas que puedan dar tan solo una pequeña pista al respecto. 

Mucho tiempo después de la última invasión hérula, llegarían nuevamente piratas escandinavos, estos ya puramente vikingos. De ello hemos hablado en diferentes artículos. A lo largo de mediados del siglo IX, pueblos germánicos emparentados con los que llegarían en el siglo V. Hay referencias vagas, y misteriosas que tratan el tema de posibles llegadas nórdicas a Hispania antes de las fechas planteadas como oficiales, esto es 844. Algunas las relacionan incluso a mediados del siglo VIII, donde los nórdicos llegarían mas como mercenarios o comerciantes para tratar con las gentes del temprano reino de Asturias, que como razzias de saqueo armadas para la guerra.

Es difícil afirmarlo sin datos o pruebas escritas. Pero sin duda los pueblos del norte de Europa conocían al menos de referencia las costas hispanas. Habían estado llegando desde la tardo antigüedad, y aunque no fue un lugar caliente en sus incursiones, si que es posible que de forma puntual nunca se perdieran las conexiones entre el cantábrico y atlántico y las poblaciones norteñas que con el tiempo darían forma a la era vikinga.  Aun así en historia solo existe lo que se puede demostrar, y a día de hoy estamos muy lejos de poder demostrar absolutamente nada que vincule la llegada de lordemanos a las costas españolas antes de las fechas señaladas oficialmente. (844).


Alvar Ordoño 2017 - Recreador e investigador histórico de los grupos; BAIRA, REGNUM CASTELLAE, HISPANIA DE LOS VIKINGOS e HISPANIA GERMANORUM -

miércoles, 16 de agosto de 2017

Españoles en Wolin 2017. Las Crónicas de Valdyr

Celebrábamos Björn el temible y yo los tratos comerciales con los francos en un asentamiento a orillas del río Spree, afluente del Elba. Frente a nosotros carne de cerdo y cerveza, servidos por una provocativa posadera, tatuada y de rubias trenzas. La noche estival fue tranquila, descanso merecido tras las duras aunque fructíferas negociaciones con mercaderes bizantinos.

A la mañana siguiente partimos al encuentro de Brokkr el herrero, también apodado el torturador, otro de los nuestros, y de Erik Bjørnson y Sturli cinco dientes, aliados del Ulf Klan. Habíamos sido convocados por Bartosz Werbliński, Jarl de nuestros hermanos de Chmurnicy, para defender el asentamiendo de Jomsborg, que previsiblemente iba a ser atacado en breve, en vista de la concentración de tropas foráneas en sus inmediaciones.

Cabalgamos durante todo el día hasta que un extenso brazo de agua nos impidió el paso, se trataba del lóbrego Oder, del cual seguimos su curso hasta el meandro en el que se encontraba fondeado nuestro barco, cargado ya con pertrechos y mercancías, fruto de nuestros intercambios con las gentes locales y comerciantes de exóticos lugares.

Dirigimos la proa hacia su desembocadura navegando a gran velocidad a favor de la corriente y, en el último tramo, aprovechando la bajada de la marea. Allí el río se abría en multitud de canales de escasa profundidad, sería fácil encallar para cualquier timonel que desconociese la zona, pero yo había navegado por allí los tres veranos anteriores, acudiendo siempre en ayuda de nuestros hermanos del Este, acosados durante el estío por un enemigo implacable que buscaba aprovecharse de las riquezas originadas por el floreciente comercio en esta privilegiada encrucijada.


Miembros del grupo polaco Chmurnicy. Anfitriones de nuestros compañeros, quienes quedaron segundos en la competición de la "batalla del puente" entre un total de 30 grupos combatientes.
Abajo la linea de escudos de los compañeros donde algunos españoles miembros de Ulf Klan Madrid y Stál Hríð combatieron



Wolin llaman las tríbus eslavas a la isla donde se alza orgullosa la fortaleza de Jomsborg. Una recia empalizada de madera defendida por altas torres rodea un gran salón, viviendas, talleres y almacenes por tres de los lados, mientras que en el cuarto el puerto queda protegido por varios drakkar, las embarcaciones de guerra coronadas por cabezas de amenazadoras bestias por las que es conocido y temido nuestro pueblo.

Allí es donde desembarcamos, no sin antes divisar al que iba a ser nuestro rival en el campo del honor. La horda había acampado a una distancia superior a la que puede recorrer cualquier flecha, parecía ser la habitual coalición heterogénea de clanes de origen eslavo, germano y magyar, insubordinados pero valerosos, muchos de ellos experimentados guerreros.

Como siempre fuimos cálidamente recibidos por Bartosz y los suyos. Tras las risas y abrazos y el intercambio de regalos descargamos lo estrictamente necesario y nos instalamos en las tiendas que nos tenían preparadas. Finalmente nos sentamos a la mesa, cenamos, bebimos, bromeamos, reímos y bebimos más. Después fuímos al gran salón donde seguimos charlando sobre nuestras aventuras vividas a lo lardo del año, un invierno más había pasado, pero la amistad y la camaradería seguían inalterables.

Encontré caras conocidas procedentes de muchos lugares, desde las tierras de los sajones y los francos hasta los confines del poderoso principado de Kiev, desde la gélida Laponia hasta la exótica Bizancio. Seguimos bebiendo cerveza, hidromiel y fuertes aguardientes hasta bien entrada la noche,
y al final, como casi siempre y de un modo inexplicable, todos logramos encontrar el camino de regreso a nuestras tiendas.

Al día siguiente los clanes defensores retaron a los atacantes a duelos individuales entre campeones, así como a combates de cinco contra cinco en el estrecho puente de tablones que une la isla al continente. Las batallas fueron cruentas, algunos se desplomaron donde fueron alcanzados por golpes de espada, hacha o lanza, inmóviles, tiñendo de rojo los centenarios maderos de roble, a otros se les tragó el Oder, cuyo apetito por guerreros acorazados es insaciable. Nuestros hermanos de Chmurnicy sobrevivieron a la carnicería y consiguieron alzarse con un meritorio segundo puesto entre los treita equipos que participaron.






 Diferentes fotos de la batalla, en la primera los componentes de Ulf Klan y de  Stál Hríð posan tras sobrevivir al combate 

Por la noche nos volvimos a reunir en el gran salón para celebrar una fiesta en honor a los que esa noche cenarían en un salón inmensamente mayor, un lugar majestuoso con 540 puertas llamado Valhalla, donde el mismísimo Odin recibiría a los caídos con honor. Como homenaje a éstos participaron en un violento juego Erik Bjørnson y Sturli cinco dientes, que recibieron tremendos golpes por parte del Jarl Bartosz, yendo a dar con sus huesos en el suelo desde gran altura, para regocijo de la ebria masa que les arengaba.

Los días siguientes se rompieron definitivamente las hostilidades y varias batallas tuvieron lugar a los pies de la fortaleza. El arrojo y la fiereza de los atacantes hicieron que la balanza se decantara inicialmente de su lado, y allí estábamos nosotros, Stál Hríð, formando el muro de escudos como el año anterior, un año más codo con codo, escudo con escudo con nuestros rubios y barbudos camaradas de orillas del Báltico.

Los tambores de guerra golpeaban rítmicamente nuestros oídos mientras nos posicionábamos en el ala izquierda del muro de Jomsborg, precisamente por donde los invasores rápidamente trataron de rodearnos. Nos agrupamos en formación cerrada para contrarrestar su ventaja y conseguimos rechazar sus ataques. Cuando se está enmedio de una batalla uno sólo tiene consciencia de lo que ocurre en su inmediato entorno, no más de unos pocos metros en cada dirección, el arma que te intentará matar estará seguramente dentro de esa distancia, y si te distraes un segundo mirando a la lejanía es muy probable que tu final haya llegado. Por lo demás el caos trata de imponerse al orden, y cuando eso ocurre en un ejército, todo está perdido.

Había guerreros con espadas, con hachas ligeras, con hachas de dos manos y con lanzas, pero a mí me parecía que casi todos los lanceros enemigos estaban trente a nosotros, el ala derecha de su formación era como un gigantesco erizo que lanzaba sus mortales púas hacia delante desde diferentes ángulos. De vez en cuando caía desde las alturas un gran hacha danesa, difícil de parar con la espada, así que uno trata de hacerlo con el escudo, momento que esperan los lanceros para atravesarte de parte a parte. Además su experiencia les hacía actuar compenetrados, si tenías buenos reflejos podías librarte con suerte de la lanza que te atacaba de frente, pero cuando tenías dos, una a derecha y otra a izquierda, uno trataba de ensartarte desde un lado, e inmediatamente cuando te defendías con el escudo el segundo veía el hueco para hundir la suya en tus entrañas.

Una Shield Maiden la tomó conmigo durante un buen rato, me acosaba con su lanza sin pausa, por arriba y por abajo del escudo, a veces por la derecha, una y otra vez me las arreglaba para esquivar o golpear su arma con mi espada. Llevaba una coraza de láminas y un elegante casco de estilo eslavo, de hierro y bronce, coronado con crines de caballo, todo ésto la hacía parecer un guerrero más, con gran arrojo y agresividad, eso sí. De hecho sólo me dí cuenta de que era una mujer cuando emitió un agudo grito, al ser ella misma alanceada en un costado por uno de los nuestros.













El tiempo pasaba y el cansancio se apoderaba de nosotros, a veces se producían largas pausas con ambos muros de escudos enfrentados. Nos mirábamos a los ojos mientras esperábamos una orden de ataque y escuchábamos en la lejanía el clangor de las armas entrechocando en el otro ala de la formación. Era entonces cuando uno más se fija en las miradas de los aquellos que habían llegado allí para matarte. Algunas miradas no podían esconder el miedo, otras mostraban frialdad, otras rabia y dolor, y otras una furia desatada, eran éstas las de aquellos que sólo viven para la guerra, que sólo se encuentran a gusto en el campo de batalla, mandando guerreros a engrosar las filas de los Einherjer, el ejército que Odin mandará en Ragnarok.

En ocasiones una de las filas rompía súbitamente la tensa espera y lanzaba un ataque para intentar sorprender y arrollar al contrario. Una de las veces que hicieron ésto los invasores el guerrero que tenía enfrente se abalanzó sobre mí y en el último momento giró su escudo hasta colocarlo en horizontal para golpearme fuertemente con su canto en la muñeca, mi mano se abrió al instante y mi espada cayó al suelo. Habría sido el final si uno de mis camaradas no le hubiera dado un hachazo en la espalda.

Poco después el gran Björn caía herido, alanceado a la altura de las costillas, enfundado en negra cota, su barbuda cabellera coronada por alto yelmo, se había expuesto demasiado al peligro, siendo como es siempre reacio a dar un paso atrás. Se desplomó boca abajo en el espacio entre ambas líneas, quedando allí, inmóvil, hasta que fue ayudado por nuestros compañeros, que consiguieron arrastrar con trabajo su gran volumen por detrás de nuestro inquebrantable muro, de coloreada madera y brillante acero.

Instantes después éramos nosotros los que lanzábamos un contraataque, y en esta ocasión les pasamos literalmente por encima. Cargué con mi escudo hasta chocar contra el adversario golpeando con mi espada todo lo que se encontraba al otro lado, madera, hierro, cuero, carne y huesos. Sólo la acumulación de cuerpos en el suelo, que dificultó nuestro avance, evitó que toda su ala derecha se colapsara, aún así habíamos conseguido romper su muro en dos, mientras que el nuestro resistía.
El enemigo dividido se reagrupó en dos compactos grupos, intentarían que nos saliera cara la inminente victoria, rodeados y exhaustos luchaban por un lugar en la mesa de Odin, lo cual les hacía especialmente peligrosos. En tres ocasiones las omnipresentes lanzas me habían alcanzado, dos por encima y una por debajo del escudo, aunque mi cota de malla detuvo las aceradas puntas, ahora acababa de recibir la cuarta, en diagonal, en la cadera, pero en esta ocasión atravesó la cota abriendo un gran agujero entre sus férreas anillas, mi gambeson envolvió la despiadada punta y la frenó parcialmente, gracias a su relleno de pelo de caballo, aún así la potencia del impacto y el agudo dolor me derribaron de inmediato. 





















Los defensores de Jomsborg no tuvieron compasión con los vencidos, desde el suelo vi como los nuestros me sobrepasaban, presos del ansia de destrucción. La realidad se me aparecía como estática, escenas que captaban mi atención y dominaban mi mente como si el resto del mundo no existiera. Uno de los nuestros tenía sus pies sobre sendos escudos, que a su vez descansaban sobre dos guerreros caídos, y en equilibrio desde esa posición elevada golpeaba una y otra vez con su espada a los pocos invasores que aún quedaban en pie. Un señor de la guerra de suntuosa coraza recibió un lanzazo en la cara, cayó y se levantó casi de inmediato, se quitó el casco y se fue caminando tranquilamente, saliendo del campo de batalla, de uno de sus ojos brotaba un torrente de oscura sangre. También vi a Brokkr, guerrero combativo como pocos, que a pesar de haber recibido un golpe de hacha danesa que casi le destrozó el casco seguía castigando con su hacha ligera al último bastión enemigo. Miré hacia el cielo y me pereció vislumbrar a las Valkirias, cabalgando entre las nubes, las hijas de Odin parecían felices.

La masacre había terminado, y horas después, con apenas tiempo para descansar y restablecernos, nos despedimos de nuestros queridos amigos y embarcamos rumbo al sur, con la certeza de que, ocurra lo que ocurra durante el siguiente invierno, los vientos estivales nos volverán a traer hasta esta espléndida isla, una auténtica joya en el Mar Báltico.

Valdyr Bloðugr - Recreador histórico e investigador del mundo medieval escandinavo. Jarl del grupo de recreación Stál Hríð. 

domingo, 13 de agosto de 2017

Españoles en Wolin 2017


Este año al igual que el pasado, algunos españoles y compañeros habituales de las ediciones Hispania de los Vikingos, acudieron a combatir a uno, si no el mas grande de los festivales vikingos en la isla polaca de Wolin. Es posible que Wolin no sea el mejor y mas "purista" de los eventos vikingos europeos actuales. Pero desde luego con sus pros y sus contras pasa por ser uno de los mas carismáticos y multitudinarios acontecimientos de la recreación histórica alto medieval
Nos contentaremos de momento con algunas fotografías de los chicos de Ulf Klan y Stál Hrid, mientras permanecemos a la espera de que los principales protagonistas nos cuenten su experiencia en un articulo escrito donde nos hablen con todo detalle de lo mas interesante del viaje. 








jueves, 10 de agosto de 2017

Wolin 2017

Nos congratula ver a nuestros compañeros de Ulf Klan Madrid y Stal Hrid en el festival eslavo vikingo de Wolin 2017. Un detallazo por parte de Max cuero oscuro el acudir con la camiseta de la Hispania de los Vikingos 2017 en el Espinar. 
Max es uno de los primeros participantes en el proyecto, desde que lo iniciamos en Riaza 2013. Nunca ha fallado desde entonces acudiendo año tras año a todos nuestros eventos. Fue él precisamente el encargado de enseñarnos el primer terreno que tuvimos en el fantástico pueblo de Riaza (Segovia), donde realizamos los dos primeros eventos a modo privado de la Hispania de los Vikingos.

miércoles, 9 de agosto de 2017

Los hersir del mundo escandinavo. Caudillos al mando de las Leidang

Los hersir de las sociedades escandinavas eran nobles de menor importancia con respecto a otros elementos del mundo normando. Solían liderar grupos armados salidos de familias bajo su regencia, que a su vez dependían de entidades superiores. Se ha estipulado que en el aspecto militar cada hersir lideraba un grupo de unos 100 soldados que se llama hundred. Similar a la centenae romana que fue también una parte importante de la organización militar de la Hispania visigoda; 100 hombres una centenae cuyo mando era conocido como centenarius.

Teniendo en cuenta que la mayoría de las crónicas hispánicas que hacen referencia a las invasiones vikingas, dan el numero de unos 80 - 100 soldados por barco. Podríamos imaginar que cada nave llegó liderada por un hersir como parte de un proyecto superior liderado por un noble de mayor importancia. Esto es una simple hipótesis, no es demostrable en ninguno de los casos. Ya que incluso puede que las cifras nos llegaran exageradas desde el pasado en un intento de glorificar mas las victorias de los reyes o abades contra los invasores.

En cualquiera de los casos los hersir eran aristócratas encargados de gobernar comarcas, sus esclavos y sus libertos. No se puede decir que solo existiera un hombre en un clan, y mas bien habría que hablar de clanes familiares hersir, dentro de los cuales uno de ellos era el lider, si bien el "titulo" se extendía a toda su familia (solo hombres). Dado que la sociedad escandinava y en contra de lo que se suele representar en recreación histórica, era una sociedad extremadamente pobre. No creo que fuera habitual ver hersir repletos de armas, cotas de malla, y buenas espadas. Las espadas eran elementos de absoluto lujo que en muchos casos eran cambiadas en truques de rescate a cambio de la vida de prisioneros. No existían tampoco fabricas destinadas a crear espadas en cadena para su utilización. Eran armas encargadas expresamente a un herrero, quien por medio de su trabajo único y especial, dotaba al arma de un sentido. De ahí que durante mucho tiempo se pensara que eran "mágicos" y en muchas leyendas aparezcan con un aura mística y especial. Era una forma de intentar dotar al herrero de un carácter extraordinario, ya que su trabajo era algo elevado, y no conocido, ni al alcance  de todo el mundo.

Me inclino a pensar que la sociedad escandinava no sería muy diferente de la hispana en ese aspecto. Seguramente y sin dejar de ser aristócratas, los hersisr utilizarían armas mas modestas y comunes que las espadas. Tampoco pretendo decir que no fueran usadas, pero si que serían armas poco frecuentes, especialmente en el siglo IX y X. El poder de un hersir no residía en sus armas, sino en el grupo armado que podía mantener y en los nobles de mayor rango para los que trabajaba indirectamente.

En este sentido la recreación histórica en España esta terriblemente mal estructurada, ya que es poco habitual y frecuente encontrar diferenciaciones entre las leidang (milicas). Se suele pasar de soldado a Jarl, sin recrear algo que sería mas real y mas modesto. Los simples mandos de las milicias normandas que liderarían el 90% de los ataques llegados a nuestras costas con la excepción de algún que otro rey y algunos relevantes nombres vinculados a la nobleza de daneses y noruegos. 

viernes, 4 de agosto de 2017

Caballeros castellanos del claustro de Silos (Burgos)

Una de las grandes discursiones en el mundo de la recreación histórica ha sido la utilización del almófar. Lo políticamente correcto, y por ende la política que utilizamos para recrear en HdlsV, es no usar almófares separados de la loriga de malla. Supuestamente esta prenda formaba parte de un solo cuerpo en el siglo XI, y no es hasta el XII - XIII cuando se separa en una pieza independiente. No obstante la duda continua al encontrarse continuamente diferentes iconografias pictóricas y capiteles, donde los caballeros hispánicos de esos siglos parecen portar una pieza de malla separada de la loriga para cubrir su cabeza. Ya en tiempos de la vieja roma tardo antigua, había una pieza de malla que cubría a modo de capuchón la cabeza, sea como fuere la polémica sigue abierta a debates y discursiones por mucho tiempo.
En las imágenes que adjuntamos, vemos varios caballeros de los reinos del Norte de Hispania, en este caso del reino de Castilla pertenecientes al claustro del monasterio de Silós (Burgos) siglo XI.

Alvar Ordoño